Maybe Managua de Catalina Murillo Valverde
La historia me gustó. Sin embargo, cuando busco el "por qué" de la novela, no lo encuentro fácilmente, como me pasó con Limón Blues, por ejemplo. En una entrevista leí que la autora lo pensó primero como un guion de cine y que, cuando lo escribió, "adoraba" a los hombres.
Este análisis que dejo a continuación me gustó.
Nota 8/10. Calificado en agosto 2026.
Maybe Managua es una novela donde se narran varios viajes, hilvanados a un personaje principal cuya existencia es, la mayor parte de las veces, despreciable, no por frugal, sino por vacía en términos existenciales. Juan, ese personaje, es un español hermético, a quien el trópico le ofreció la posibilidad de escapar de una vida formal y profesional en España, pero, por lo que parece, no supo maniobrar dentro de esos paisajes verdosos y espesos de los paisajes costarricenses y, en lugar de encontrarse, se perdió.
¿Se perdió? Sí, pero la novela no explora cómo ocurrió eso, sino que inicia con las posibilidades de Juan de dejar atrás San José y volar, junto con un pájaro maravilloso, hacia el norte. El norte de esa brújula no es Estados Unidos, ni Canadá, ni menos Europa, sitio que Juan más bien parece despreciar. El norte es Nicaragua, y Juan se lanza en un itinerario de estafas, pájaros que van y vienen (en realidad el mismo pájaro), amores frugales, dólares fáciles, calor, polvo, adrenalina, y abandonos.
El viaje de Juan no es en el tiempo, ni de regreso al lugar ancestral, ni de retorno al hogar paterno, ni siquiera se trata de un viaje bien planificado que sea parte de una agenda de transformación o de un rito de paso. Para Juan, todos los pasos ya se dieron y parte de su problema de vida es la repetición de lo diario, en una tierra en donde no tiene nada, ni un lugar al cual llamar casa.
En su desesperado deseo de procurarse una vida, durante el transcurso de la novela, Juan busca aferrarse a algo: a una mujer, a otra mujer, a un pájaro, a un negocio, a un hotel. Así, Juan se lanza a tientas, manoteando y probando, como quien busca en la oscuridad el interruptor de la luz. Entre ese manoteo, Juan palpa, a fondo, el flagelo del cáncer y la sombra de la muerte, pero también, seguramente por primera vez, ese amor que va más allá de lo meramente material y físico y que lleva a pensar que, después de todo, sí hay almas gemelas que se buscan toda una vida sin encontrarse o que se encuentran solo para despedirse.
¿Encuentra Juan el botón de encendido? Le tocará al lector responderse esa pregunta y quizás la duda misma lo haga repasar el viaje de Juan, a la espera de encontrar pistas sobre qué busca y si logra encontrar esa aguja del sentido de la existencia en el pajar de la vida. Los simbolismos del camino son muchos, por lo que el lector tendrá que mantener los ojos abiertos para poder identificarlos y así valorar si el robo de que es objeto Juan hacia las últimas páginas del libro se puede identificar como una pérdida o como una liberación.
Es una novela bellamente narrada, que se lee de una bocanada, rica en descripciones de las emociones, a veces abierta, a veces cerrada, pero ofrece la posibilidad de correr las cortinas para animarse a ver de cerca los sentidos de una vida.
Nota 8/10. Calificado en agosto 2026.
Maybe Managua es una novela donde se narran varios viajes, hilvanados a un personaje principal cuya existencia es, la mayor parte de las veces, despreciable, no por frugal, sino por vacía en términos existenciales. Juan, ese personaje, es un español hermético, a quien el trópico le ofreció la posibilidad de escapar de una vida formal y profesional en España, pero, por lo que parece, no supo maniobrar dentro de esos paisajes verdosos y espesos de los paisajes costarricenses y, en lugar de encontrarse, se perdió.
¿Se perdió? Sí, pero la novela no explora cómo ocurrió eso, sino que inicia con las posibilidades de Juan de dejar atrás San José y volar, junto con un pájaro maravilloso, hacia el norte. El norte de esa brújula no es Estados Unidos, ni Canadá, ni menos Europa, sitio que Juan más bien parece despreciar. El norte es Nicaragua, y Juan se lanza en un itinerario de estafas, pájaros que van y vienen (en realidad el mismo pájaro), amores frugales, dólares fáciles, calor, polvo, adrenalina, y abandonos.
El viaje de Juan no es en el tiempo, ni de regreso al lugar ancestral, ni de retorno al hogar paterno, ni siquiera se trata de un viaje bien planificado que sea parte de una agenda de transformación o de un rito de paso. Para Juan, todos los pasos ya se dieron y parte de su problema de vida es la repetición de lo diario, en una tierra en donde no tiene nada, ni un lugar al cual llamar casa.
En su desesperado deseo de procurarse una vida, durante el transcurso de la novela, Juan busca aferrarse a algo: a una mujer, a otra mujer, a un pájaro, a un negocio, a un hotel. Así, Juan se lanza a tientas, manoteando y probando, como quien busca en la oscuridad el interruptor de la luz. Entre ese manoteo, Juan palpa, a fondo, el flagelo del cáncer y la sombra de la muerte, pero también, seguramente por primera vez, ese amor que va más allá de lo meramente material y físico y que lleva a pensar que, después de todo, sí hay almas gemelas que se buscan toda una vida sin encontrarse o que se encuentran solo para despedirse.
¿Encuentra Juan el botón de encendido? Le tocará al lector responderse esa pregunta y quizás la duda misma lo haga repasar el viaje de Juan, a la espera de encontrar pistas sobre qué busca y si logra encontrar esa aguja del sentido de la existencia en el pajar de la vida. Los simbolismos del camino son muchos, por lo que el lector tendrá que mantener los ojos abiertos para poder identificarlos y así valorar si el robo de que es objeto Juan hacia las últimas páginas del libro se puede identificar como una pérdida o como una liberación.
Es una novela bellamente narrada, que se lee de una bocanada, rica en descripciones de las emociones, a veces abierta, a veces cerrada, pero ofrece la posibilidad de correr las cortinas para animarse a ver de cerca los sentidos de una vida.
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